LA EVOLUCION DIALECTICA DE LA PERSONALIDAD

Dra. Myrtha H. Chokler

La mutación de las reacciones puramente fisiológicas en medios de expresión, tuvo, una importancia decisiva en la especie humana, pues esta vinculada, no a un sedicente instinto especial, sino a las condiciones de existencia del individuo desde su nacimiento.
 

¬†¬†¬†¬† Respecto de las emociones, indique hace ya bastantes 1 por una parte, su aptitud para crear instant√°neamente reflejos condicionados bastante viciosos en el sentido que son tenaces, aunque resultantes de un encuentro √ļnico y fortuito y, por otra parte, su importante funci√≥n social. Su influencia en la personalidad del sujeto es un√°nimemente reconocida por los psic√≥logos. Pero respecto a su significaci√≥n las opiniones son diversas y frecuentemente opuestas.

     Desde el punto de vista fisiológico tienen como base el conjunto de funciones vegetativas y en particular aquellas sobre las cuales Pavlov ha esbozado el estudio de los reflejos condicionados: modificaciones de las secreciones y de las contracciones del tubo digestivo y del aparato urinario, reacciones endócrinas, variaciones del metabolismo, cambios respiratorios y circulatorios. Pero la interpretación de estos hechos esta lejos de ser igual para todos los autores. Atento sobre todo, a los gastos de energía que se observan en la emoción, Cannon la explica como una movilización de lo que constituye las fuerzas vivas del organismo: arrojando en el torrente circulatorio cantidades masivas de adrenalina, las glándulas suprarrenales activarían el consumo de glucosa sanguínea, ampliarían el campo de hematosis por dilatación de los bronquiolos, darían mayor intensidad a las contracciones cardíacas. En suma, la emoción consistiría en un paroxismo de actividad. Por el contrario, otro fisiólogo, Lapicque, solo ve en ella acción confusa y esteril, por el hecho que el influjo nervioso desbordando por su masa las vías que reglan su movimiento, irrumpe en el sistema neurovegetativo y determina toda clase de reacciones perturbadoras. Numerosos son los autores que denuncian estas consecuencias nocivas de la emoción.

Algunos, como J. R. Kantor han dicho que no hay que hacer distinciones entre las distintas clases de emociones, por lo desordenadas en sus combinaciones y sucesión. Efectivamente, en ese sector trunco de las manifestaciones puramente vegetativas propias de la emoción, es difícil darles una significación válida.

¬†¬†¬†¬† En el plano psicol√≥gico se encuentran las mismas contradicciones. Darwin, por ejemplo, ve√≠a en la emoci√≥n lo que da el m√°ximo de celeridad y vigor a la hu√≠da y al ataque, reacci√≥n de conservaci√≥n individual que identificaba con el temor y la c√≥lera. A lo sumo, supon√≠a en las emociones vestigios persistentes de¬† reacciones anteriormente √ļtiles y reducidas en las actualidad al estado de simple m√≠mica emocional. Por el contrario, Janet ve en las emociones una forma degradada de actuar que sobreviene cuando la situaci√≥n toma de sorpresa a las capacidades, ya sea motrices o intelectuales, del sujeto. Privados de un empleo √ļtil, los gestos se har√≠an de manera incoherente.

¬†¬†¬†¬† La hip√≥tesis com√ļn a ambas concepciones, es que la √ļnica relaci√≥n imaginable es la de la emoci√≥n con reacciones objetivamente basadas en la naturaleza de las cosas. Pero se reduce, as√≠, singularmente el campo de las actividades humanas. Es efectivamente cierto que la emoci√≥n obstaculiza los automatismos necesarios mediante toda clase de desordenes neurovegetativos o musculares, como temblores, convulsiones o desmayos. Es muy cierto que oscurece o falsea el juicio. Cualquiera sean los lazos gen√©ticos que puedan unir la emoci√≥n, a las conductas motrices o intelectuales, a trav√©s de las especies animales o las civilizaciones, es bien evidente que en la actualidad las obstaculizan. Es preciso encararla no como una entidad invariable, sino seg√ļn el papel que debe jugar en un momento determinado de la evoluci√≥n. La garant√≠a de ese papel no est√° en los centros nerviosos donde se coordinan las reacciones propias de los principales tipo de emoci√≥n: c√≥lera y temor, por ejemplo? ¬ŅNo es suministrada, tambi√©n, por las pr√°cticas de ciertas sociedades que tienen ceremonias, danzas, cuyo efecto es, ciertamente suscitar en cada uno emociones que al mismo tiempo sean las de todos?

¬†¬†¬†¬† Entre los automatismos denominados instintivos, a los que es posible en ciertas especies animales la emoci√≥n haya suministrado la energ√≠a necesaria, y las representaciones del pensamiento abstracto a las que han podido servir de sost√©n, la emoci√≥n se ha desarrollado como un sistema funcional con destino propio. Su trama primitiva no es el movimiento que se despliega en los automatismos, sino la actitud que puede prepararlo o suspenderlo. La actitud que no es sino el acto a cumplir en potencia y que en la misma medida es preludio de la conciencia: intenci√≥n o duda, con todas las tensiones, relajamientos, alternativas musculares con¬† los que pueden acompa√Īarse. En el l√≠mite se encuentran los espasmos, las convulsiones, las postraciones, como se observan en los grandes paroxismos emocionales.

     Pero la actitud puede volverse espectacular. Es advertencia para los demás, y para si mismo un medio de identificarse con una situación, de penetrar mejor su sentido; secundariamente, también, captar en los otros por mimetismo, el reflejo de la situación resultante de su presencia. Las actitudes emocionales son eminentemente contagiosas. Este rasgo es el que tienden a desarrollar los simulacros y los gestos rituales, a fin de unir a los individuos en un mismo estado de conciencia colectivo2. Bajo la forma más discreta y afinada de la mímica, la actitud pertenece a la vida cotidiana;  entre todos  los  individuos que se encuentran, aun pasajeramente juntos, establece un lazo de comunidad y relaciones recíprocas mas o menos complejas. Distinguiéndose de los movimientos efectuados en el espacio, como una posicionamiento del cuerpo o la mímica,  ha llevado la emoción hacia la expresión, injertando lo social en lo orgánico.

¬†¬†¬†¬† Esta mutaci√≥n de las reacciones puramente fisiol√≥gicas en medios de expresi√≥n, tuvo, una importancia decisiva en la especie humana, pues esta vinculada, no a un sedicente instinto especial, sino alas condiciones de existencia del individuo¬† desde¬† su nacimiento. Contrariamente a los animales, el hombre permanece largos meses, y¬† civilizaci√≥n¬† mediante,¬† largos a√Īos, completamente a discreci√≥n de su entorno en todo lo relativo a sus m√°s urgentes necesidades.

Sus medios de acci√≥n se reducen a medios de expresi√≥n. Lo que es de vital inter√©s para el es hacerse entender y anticipar las disposiciones de los dem√°s al¬† respecto. Todos sus intereses lo llevan hacia los dem√°s. As√≠ se puede observar, de manera muy precoz, los progresos y el matizado de sus relaciones m√≠micas con los personajes que se le acercan. Se podr√≠a hablar de un prelenguaje, si de alg√ļn modo no se opusieran al lenguaje. Este, en efecto, individualiza los objetos o los actos de los que se habla; define los atributos, opera la atribuci√≥n a las personas comprendidas conjuntamente en los mismos acontecimientos o la misma situaci√≥n. El resultado de la expresi√≥n emocional es inversa. Implica una especie de simbiosis afectiva entre el ni√Īo y su entorno.

¬†¬†¬†¬† Se trata en esta simbiosis de una sensibilidad similar o complementaria, pero com√ļn, en la que las distinciones individuales, cuando existen, se desvanecen. Estas distinciones¬† comienzan existir en el ni√Īo muy peque√Īo. Su iniciaci√≥n en la vida ps√≠quica es una participaci√≥n en situaciones que est√°n bajo la dependencia estrecha de aquellos de quienes recibe los cuidados. Cuando le faltan tales cuidados, o cuando se limitan a simples atenciones materiales, el ni√Īo no solo sufre en su desarrollo ps√≠quico;¬† languidece f√≠sicamente; sus funciones vegetativas son atacadas. Por medio de esta m√ļtua comprensi√≥n afectiva, se establece una especie de osmosis entre el entorno y el ni√Īo, que es de importancia capital en los primeros estadios de su personalidad.

¬†¬†¬†¬† Pero esta misma vinculaci√≥n con los otros exigir√° pronto del ni√Īo un esfuerzo inverso de discriminaci√≥n, vuelto necesario por una especie de independencia que le permitir√° la adquisici√≥n de la marcha y la palabra. Esta discriminaci√≥n tiene grados sucesivos, imposibles de enumerar aqu√≠. El modo en que se opera puede variar seg√ļn los sujetos y las circunstancias y no carece de influencia sobre la formaci√≥n de la¬† personalidad.¬† En¬† sus¬† diversas etapas, vincula de manera diferente el individuo al medio.¬† Pero no rompe jamas la estrecha solidaridad del sujeto y de sus acompa√Īantes habituales u ocasionales.

Es de observación corriente que no podemos dejar de controlar en nosotros lo que observamos en los demás, así sea una simple negligencia en el arreglo, una mancha en el rostro o un enronquecimiento de la voz. La discriminación con otro tiene como contrapartida una tendencia inversa a hacia la identificación. La fuerza de esta identificación, a la vez sentida y rechazada, en diversas proporciones, rodea al sujeto de modelos que aprueba o desaprueba. Puede interesar tanto a sus actividades más modestas como a las mas elevadas y producirse a diferentes niveles de la personalidad. La influencia que tiene sobre la evolución de esta es evidentemente considerable.

     Hay así continuidad, o mejor dicho unidad, entre el ser orgánico y el ser psíquico. No son dos entidades a estudiar separadamente y para concordar luego. Tampoco hay dependencia de alguna manera mecánica de uno respecto del otro. Se expresan simultáneamente, en todos los niveles de la evolución, por acciones y reacciones del sujeto y del medio, uno sobre otro.

El medio más importante para la formación de la personalidad no es el medio físico, es el social. Sucesivamente se confunde con él y se disocia de él. Su evolución no es uniforme, sino hecha de oposiciones e identificaciones. Es dialéctica.
 

Publicado en Enfance. N√ļmero especial, 1976.

Traducción Myrtha Chokler.

Notas.

1 Wallon. L¬íEnfant turbulent. Presses Univeritaires de France, 1925. Ver igualmente. Los or√≠genes del car√°cter¬† en el ni√Īo. Ed. Lautaro, Buenos Aires, 1964 y el tomo VIII de L¬íEncyclop√©die Fran√ßaise.

2 Wallon, Del acto al pensamiento, Ed. Cit.

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