El devenir de la mirada.

Dra. Myrtha H. Chokler

Abordaje terap√©utico de una ni√Īa con patolog√≠a neuro-psico-sensorial severa. ¬†


Introducción:

La pr√°ctica terap√©utica psicomotriz con ni√Īos multidiscapacitados, se encontraba¬† influ√≠da, durante largos a√Īos, por el mecanicismo reparador y la pulsi√≥n ortop√©dica y reeducativa que despierta la alteraci√≥n cong√©nita, desencadenante de fantas√≠as de incompletud, de marca indeleble, ¬ďno restaurable¬Ē de la falta, de la falla y del ¬ďdestino inexorable e inmodificable¬Ē de la lesi√≥n neurol√≥gica. La inquietud por transformar ese abordaje me ha llevado desde hace alrededor de 15 a√Īos a intentar comprender la din√°mica profunda de un cuerpo da√Īado y estigmatizado, que surge como se√Īal permanente para su familia y su entorno de lo que no fue y de lo que probablemente nunca ser√°. ¬ŅC√≥mo ayudar a modificar esa construcci√≥n paulatina de un proyecto de vida familiar signado por la dependencia, el temor al futuro, la dificultad para las identificaciones, la hostilidad y la culpa, la estereotipia y rigidizaci√≥n de los v√≠nculos?.

Los descubrimientos de la Dra. Emmi Pikler acerca del desarrollo postural y motor aut√≥nomo, su incidencia en todos los aspectos de la conducta del ni√Īo y en la estructura de relaci√≥n con los adultos, los aportes psicol√≥gicos y pedag√≥gicos emergentes de su pr√°ctica cl√≠nica e institucional, me llevaron a pensar y replantear las estrategias terap√©uticas articulando epistemolog√≠as diversas, provenientes del Psicoan√°lisis, la Psicolog√≠a Gen√©tica, la Psicomotricidad y¬† crear t√°cticas y t√©cnicas que a la luz de estas reflexiones deven√≠an convergentes y que hasta entonces me hab√≠an aparecido como disociadas y excluyentes.

Ana,

Primera entrevista, mes de marzo

Ana, de tres a√Īos y medio llega en brazos de su abuela materna. La madre, por su lado, trae un bolso grande y el padre, las llaves del auto dando vueltas en su mano.

Ana¬† se crispa cuando me acerco a saludarlos, rehuye mi mirada ,esconde su cabeza en el hombro de la abuela y se prende con fuerza de su pelo. La madre, ansiosa, quiere desprenderla y arranc√°rsela¬† de inmediato diciendo: ¬ďpero qu√© tonta, siempre lo mismo¬Ē. Ana se aferra con m√°s fuerza a√ļn. Observo que trae una pr√≥tesis en la pierna y pie derechos.¬† El padre se sienta corriendo la silla hacia atr√°s, mira distra√≠damente el ambiente, juega con las llaves. La madre, de aspecto muy joven, tensa, nerviosa, manipula el gran bolso buscando informes, carpetas, evaluaciones, electroencefalogramas. Parece que all√≠ dentro estuviera depositada toda la historia de Ana. Habla r√°pidamente, cuenta todos los detalles del embarazo, parto prematuro, las dificultades de la situaci√≥n imprevista, terapia intensiva, dos meses en incubadora, convulsiones a repetici√≥n, microcefalia, la medicaci√≥n. El desfile de m√©dico en m√©dico y de un diagn√≥stico a otro, desde par√°lisis cerebral y epilepsia a autismo, desde sordera total a debilidad mental profunda. El relato es un torbellino eficiente y desafectivizado, la emoci√≥n sin embargo¬† se filtra en el ritmo de su palabra.

La abuela, mientras tanto, hab√≠a sentado a Ana sobre su falda, frente a frente. Trataba de jugar con ella, le hac√≠a morisquetas buscando la mirada, le dirig√≠a sonidos y onomatopeyas en voz muy bajita. Ana se retorc√≠a con sacudidas incoordinadas, con bruscas extensiones del tronco. Era sostenida por las axilas y los brazos quedaban como desarticulados, el derecho r√≠gido en flexi√≥n hacia atr√°s, muy arriba¬† con el pu√Īo apretado. Yo no alcanzaba a ver el rostro de Ana cuya cabeza giraba bamboleando repetidamente. La madre continuaba desplegando, sin mirarla, los sucesivos tratamientos, las dificultades permanentes para alimentarla , los llantos s√ļbitos, la oposici√≥n y las crisis de c√≥lera que Ana revelaba frente a la imposici√≥n de los ejercicios kin√©sicos o de laborterapia.

Mientras, la ni√Īa intentaba deslizarse hacia el piso. Madre y abuela trataron de evitarlo. Finalmente la abuela la coloc√≥ de pi√© sosteni√©ndola contra sus piernas. Ana con flexiones y extensiones de miembros inferiores, tironeaba de los brazos que la sujetaban, con irradiaciones t√≥nicas desorganizadas sobre el tronco, cuello, brazos. Es evidente que no sosten√≠a su cuerpo ni lograba pararse. Les se√Īal√© la alfombra, miraron con poca confianza, pero finalmente la sentaron all√≠ sosteni√©ndola por el lazo del vestido. Ana tend√≠a a caer en hiperextensi√≥n, en bloque. Le acerqu√© algunos juguetes. Ana, crispada, cay√≥ nuevamente hacia atr√°s gimiendo.

Me advirtieron: ¬ďNo juega con nada. No le atraen los juguetes¬Ē.

Me sent√© en el suelo a un par de metros de Ana que se hab√≠a ca√≠do, quedando acostada lateralmente, replegada. No parec√≠a percibirme. Comenz√≥ a reptar de espaldas con dificultad. La madre tensa ¬ďsabe¬Ē que no debe intervenir. Apenas intentaba acercarme Ana se crispaba, deten√≠a el movimiento, en alerta. Me alej√© y pocos instantes despu√©s reinici√≥ su juego de estiramientos y propulsi√≥n. Cuando volv√≠ a acercarme, Ana adopt√≥ una postura de rechazo, comenzando a lloriquear. Regres√© a mi sill√≥n y Ana se tranquiliz√≥.

Se desplazaba reptando de espaldas lentamente. En una de sus vueltas se me fue acercando. Parec√≠a dirigirse, aunque no lo miraba directamente, hacia un juguete. Se lo alcanc√©. No lo tom√≥ y por el contrario se alej√≥ marcando muy bien los l√≠mites y las distancias. Nos quedamos hablando un rato m√°s con la familia. Finalmente sali√≥ de la sala casi colgada de los brazos mientras la abuela intentaba mostrarme c√≥mo le ¬ďense√Īaban a caminar¬Ē antes de levantarla en sus brazos. El padre estuvo en silencio todo el tiempo jugueteando con sus llaves. Le pregunt√© al final si quer√≠a agregar algo. Me respondi√≥: ¬ďEllas son las que saben¬Ē.

Me impresion√≥ el cuerpo desarticulado de Ana, sus sacudidas t√≥nicas generalizadas, las ca√≠das en bloque, su cuerpo desparramado y crispado como si intentara defenderse con su hipertono, como una segunda piel, de angustias arcaicas de licuefacci√≥n. En el mismo sentido me aparecieron el alerta y el rechazo ante cualquier esbozo de acercamiento de extra√Īos y sin embargo el fuerte aferramiento¬† al pelo o a la ropa de la abuela. La recurrencia del reflejo de Moro acompa√Īado de miradas de p√°nico, expresaba no s√≥lo el da√Īo cerebral, sino fundamentalmente las sensaciones √≠ntimas de s√ļbito y frecuente desequilibrio y consecuentes vivencias de ca√≠da. Me impact√≥ la sobreexigencia de la familia para que adopte una postura vertical, una actitud ¬ďaparentemente m√°s humana¬Ē aunque fuera precaria, inestable y absolutamente dependiente. Pero al mismo tiempo me impresionaron sus ojos brillantes aunque evasivos,¬† sus posibilidades de reptar de espaldas de manera espont√°nea y vivaz y propulsarse con los pies para deslizarse sobre el piso; el esfuerzo t√≥nico de reunificaci√≥n de su cuerpo, con aproximaci√≥n de los miembros y el pu√Īo hacia la boca y su activa oposici√≥n ante cualquier sospecha de intrusi√≥n.

Valor√© la relaci√≥n estrecha y afectiva con la abuela, percib√≠ la distancia del padre, excluido o autoexclu√≠do, delegando todo v√≠nculo en las mujeres y constituy√©ndose s√≥lo en proveedor acompa√Īante, escondiendo en su jugueteo con las llaves del auto,¬† su desolaci√≥n e impotencia. Ana era casi una extra√Īa para √©l.

Segunda  entrevista, una semana después

Les propongo ir¬† a su casa. Es un departamento agradable,¬† tal vez muy cargado de muebles y adornos. Muy prolijo. Ana pasa el d√≠a en dos lugares: su dormitorio, compartido con su hermano de 8 a√Īos, donde ella tiene una amplia cuna con barrotes llena de mu√Īecos de felpa, (la habitaci√≥n est√° organizada principalmente para responder a las necesidades escolares y de juego del var√≥n) y en la antecocina donde pasa¬† muchas horas dentro de su¬† sillita alta.

Me recibe la madre muy ansiosa. Ana est√° en su sillita, deslizada hacia un costado, sacudiendo las piernas colgadas. Varios objetos cuelgan del borde. De tanto en tanto Ana los empuja con la mano izquierda violentamente cuando alguien se los coloca sobre la mesita. No da se√Īales de registrar mi entrada. Chupetea su mano derecha mirando un haz de luz. Cuando la madre se le acerca, r√°pidamente se le prende del pelo o de la ropa. La madre se desprende reprendi√©ndola. Ana no la mira directamente. Es dif√≠cil encontrar su mirada. A veces juega con sonidos voc√°licos, siempre los mismos. Se babea abundantemente.

No tiene suficiente estabilidad para sentarse. La madre la reacomoda e insiste en acercarle objetos. Ana se tira violentamente hacia atr√°s y los rechaza reiteradamente.

Es la hora de la merienda. La madre la toma en brazos como a un beb√© e intenta darle un biber√≥n. Es un forcejeo permanente. Ana lo rechaza. La madre insiste habl√°ndome todo el tiempo acerca de la lucha de las comidas. Ana traga, tose, escupe. La vuelve a sentar en la sillita alta e intenta darle una galletita mojada en leche. En 20 minutos logr√≥ hacerle tragar tres cucharaditas, distray√©ndola con m√ļltiples juegos, morisquetas, amenazas, exhibiendo objetos que la atrajeran. Durante ese tiempo Ana parece por momentos muy conectada con la madre, hay intercambio de sonrisas, agita las manos, pero no come.

Observo una actitud forzada, tratando de ense√Īarle: ¬ďMir√° la cuchara, cu-cha-ra, ves, mirame, cu-cha-ra. ¬ďPapa, mir√° pa-pa¬Ē. Ana llora intempestivamente, sin l√°grimas, con gemidos agudos. S√ļbitamente se calla.

En su habitaci√≥n compruebo que intenta rolar cuando, a mi sugerencia, la ponen en el piso. Pasa con bastante habilidad de un dec√ļbito a otro pero s√≥lo lo hace para rehuir¬† algo o a alguien. Su postura espont√°nea es acostada lateralmente, a menudo con el pu√Īo en la boca, la mirada frecuentemente perdida, en una posici√≥n casi fetal. El hermano la trata como a una mu√Īeca con la que se juega, la toma, la aprieta, la sacude y la abandona. Ella se deja hacer. Hay mucha ansiedad, mucha invasi√≥n del cuerpo de Ana que es manipulada, forzada, puesta de un sitio a otro como un objeto, que se alterna con muchos momentos de soledad y aislamiento. Observo escaso espacio propio c√≥modo y me pregunto por el lugar de Ana en la familia. Toda la relaci√≥n est√° cargada de tensiones, frustraciones, miedo a la reaparici√≥n de las convulsiones. La desesperanza y la hostilidad¬† fluct√ļan con expectativas m√°gicas de curaci√≥n.

Ana tiene evidentemente un trastorno psicomotor importante derivado de un da√Īo cerebral severo, que se expresa en una hemiparesia esp√°stica, una actividad espont√°nea restringida, semejante a la de un ni√Īo de 7 u 8 meses, perturbada por la hiperton√≠a de los miembros que es m√°s acentuada en el hemicuerpo derecho, con persistencia de reflejos primitivos como succi√≥n, grasping, Moro, opist√≥tonos. Un inseguro control del tronco, con reacciones bruscas, r√≠gidas y desorganizadas y¬† diston√≠as generalizadas, hipoton√≠a de labios, chupeteo de la mano en pu√Īo. Los desplazamientos son escasos,¬† con¬† reptaci√≥n de espaldas, propuls√°ndose con ambos pies. Es muy limitada su prensi√≥n voluntaria, parece costosa e incoordinada la extensi√≥n de la mano, especialmente la derecha. Rechaza el contacto de personas y objetos salvo el aferramiento del pelo o la ropa del que se acerca. A veces tiene una actitud de alerta, otras de desconexi√≥n con tendencia a la inmovilidad, crispaci√≥n generalizada, con reacciones t√≥nico-posturales bruscas aparentemente inmotivadas. El juego vocal es mon√≥tono y muy espor√°dico. Fugazmente aparece una amplia sonrisa muy conectada, provocativa, especialmente con la abuela.

La mirada es extra√Īa, huidiza,¬† generalmente flotante, con sus ojos siempre de costado es dif√≠cil saber qu√© est√° mirando y cu√°nto inter√©s eso le despierta. ¬†

En el consultorio. Primera etapa (abril)

Pensé que era imprescindible crear un ambiente cálido, continente, calmo y seguro para que libremente pudiera abrirse al contacto, a la comunicación con otro, a la apropiación de su cuerpo, del espacio. La trae generalmente la abuela que participa expectante de la sesión. Partí, basándome en Pikler, de un máximo respeto por su actividad espontánea y voluntaria, por la aceptación de sus posturas de elección, con la mayor la disponibilidad corporal y  empatía emocional de mi parte y por la utilización de mi palabra y mi voz, a pesar de ser consciente de su sordera, creando una envoltura sonora que operara aunque más no fuera por vibración. Ana estaba equipada con un audífono.

Durante los primeros encuentros, en una sala alfombrada sin muebles, con un espejo en la pared y objetos inflables de colores, algunos trasparentes, entre otros,¬† Ana pasa casi todo el tiempo acostada, parece desconectada, la mirada vaga, inm√≥vil o con escasos pataleos o pasajes a boca arriba, luego de costado, con el pu√Īo derecho siempre en la boca.¬† Por momentos aparecen s√ļbitas crispaciones generalizadas y llantos cortos que cesan imprevistamente como comenzaron.

Asumo posturas a su altura, en el piso, acostada, algunas semejantes a las de ella. Mi presencia parece no ser registrada pero, apenas me acerco expresa su rechazo con reacciones hipertónicas masivas y estiramiento de miembros. Cuando alguna vez me aproximo lentamente sin que me esté mirando percibe mi presencia y se prende de mi pelo o de mi ropa o de mis dedos y tironea con fuerza tratando de llevarlos a su boca. Soy simplemente un objeto prensible. Si esbozo en ese caso un intento de contacto, sin soltarme, me sacude, rechazándome con fuerza e inquietud. Sin embargo, alguna vez nos hemos cruzado fugazmente las miradas.

Ana no se interesa por otros objetos y en general rechaza cualquier propuesta. Durante la sesión hablo con la abuela de cómo expresa Ana sus sensaciones, sus deseos de quietud o movimiento, de no ser invadida o sobreexigida, la necesidad y seguramente importancia de sus aferramientos, y también del diálogo corporal que puede establecerse y el clima de comunicación, aun precaria,  cuando se siente comprendida.

Segunda etapa ( mayo)

Al cabo de unas tres semanas comienza a estar m√°s activa. Se desplaza reptando de espaldas. Parece m√°s conectada conmigo, me busca mir√°ndome siempre de costado, pocas veces sonr√≠e. Si estoy cerca trata de prenderse de mi cuerpo, de mi ropa pero no acepta que yo la tome o la toque. Me empuja creando un espacio entre mi espalda y la pared donde se aloja tironeando mi pelo, se aloja entre mis piernas y¬† mis brazos; busca huecos en mi cuerpo o entre √©ste y los objetos para acomodarse adoptando posturas extra√Īas, retorcidas. Descansa all√≠ unos momentos. Pareciera que experimenta un gran placer en ese juego exploratorio de torsiones, estiramientos, entradas y salidas, contactos piel a piel, como en un continente c√°lido, flexible y maleable. Luego puede deslizar sus piernas debajo de mi cuello si estoy acostada en el suelo, o pasarme por encima reptando sobre su vientre o su espalda como si yo fuera una irregularidad del piso. Se desplaza a buena velocidad y escapa si¬† intento rodearla. Sus manos, generalmente apretadas en pu√Īo, que se aferran a mi pelo¬† tironeando fuertemente, se abren para servirle de apoyo cuando comienza a gatear.

Durante todo ese tiempo, alrededor de un mes, no se interesa por los objetos inflables voluminosos y atractivos, aros y rodillos transparentes u opacos, algunos almohadones. Al principio los desplaza, los aparta, los patea, los arroja o los revolea con fuerza y fastidio,

los elude o los arroja lejos como para que no le molesten o los atraviesa como si no los percibiera  o fueran sólo un obstáculo a sortear.

Comienzan a repetirse muchas situaciones de encuentro, aunque muy fugaces con la mirada. Generalmente sus ojos no se dirigen a mi rostro pero lo explora con la mano izquierda buscando aferrarse a mi pelo.

A partir de los comentarios que la abuela  hace de nuestras conversaciones, la madre comienza a venir de tanto en tanto, cuando su trabajo se lo permite, asistiendo a las sesiones. Pregunta y pide explicaciones acerca del sentido de las estrategias. Intento que vaya redescubriendo la persona que es Ana, sus cambios de actitud y el placer que manifiesta en compartir el juego de esconderse detrás de mí o en los huecos de la sala. También la madre necesita sentirse reasegurada.

Tercera etapa (agosto)

Observo que Ana mantiene sus posturas de espaldas y de costado en el piso pero sus desplazamientos se hacen cada vez m√°s √°giles y eficaces, con reptaci√≥n dorsal, ventral, algunos rolados y en menor medida el gateo. Se lo se√Īalo con √©nfasis a la madre y a la abuela. Ellas ven que disminuyen los momentos de inactividad y desconexi√≥n aunque se refugia todav√≠a de tanto en tanto en ellos. Las tranquilizo respecto a ello. Ellas pensaban que hab√≠a que sacarla compulsivamente de esas situaciones.

Lentamente comienza a interesarse por los inflables, de colores brillantes, livianos. Busca particularmente un aro transparente con bolitas de telgopor adentro que se mueven apenas lo manipula. Acostada de espaldas permanece varios minutos tom√°ndolo con la mano izquierda, observando atenta las bolitas que se agitan, mientras la derecha suele estar en flexi√≥n a la altura del hombro o con el pu√Īo en la boca. R√°pidamente comienza a abrirla y a servirse de ella como complemento para manipular el aro, lo lleva a la boca, lo chupa. Esta atenci√≥n sostenida y su actitud de exploraci√≥n me hablan de un YO activo que se organiza y se manifiesta.

Voy colocando varios aros, pelotas y rodillos, ahora se acerca a ellos por momentos los observa atentamente, los toma con ambas manos y los deja caer. Su juego preferido sigue siendo reptar r√°pidamente hacia mi espalda, aferrarse a mi pelo y sacudirme como lo hace con los inflables. En esas ocasiones generalmente r√≠e. Voy armando t√ļneles con las colchonetas que debe atravesar si quiere acercarse a m√≠. Comienza un juego de persecuciones en los que me voy ocultando detr√°s de los inflables transparentes, escapando y ella trata de alcanzarme, tomarse de mi pelo y treparse a mi espalda, con grititos, carcajadas y manifestaciones de alegr√≠a y excitaci√≥n. Desde all√≠, mi cuerpo empieza a constituirse en una prolongaci√≥n del suyo que le sirve para transportarla y alcanzar objetos. Me empuja, me gu√≠a, me lleva la mano hacia lo que quiere, patea la puerta del placard donde est√°n guardados los juguetes y donde adem√°s hay huecos que aprovecha para introducirse, esconderse y desparramar por la sala todo lo que hay adentro. Aparecen frecuentes situaciones de berrinches cuando pongo l√≠mites, cuando me opongo a su deseo o no comprendo r√°pidamente sus gestos. Todos los encuentros de esta etapa comienzan de la misma manera, me empuja, me tironea, me patea, intenta treparse a mi espalda. Se apropia de m√≠ y luego me usa como instrumento. Pasamos muchos momentos juntas en estas situaciones frente al espejo.¬† Se mira y me mira interesada. No s√© cu√°l es el nivel de reconocimiento pero la palabra est√° siempre presente.

La prensi√≥n es muy dificultosa, muy masiva por persistencia del tono flexor, con irradiaciones t√≥nicas contralaterales, que debe vencer para la utilizaci√≥n bimanual. Si toma un objeto peque√Īo, el tono flexor de la mano aumenta. El objeto parece adherirse a ella como si le resultara desconocida la extensi√≥n voluntaria, sacude el objeto como si tratara de desprenderlo. Me mira como pidiendo ayuda. A veces intenta tomar uno nuevo sin llegar a soltar el anterior, con un esquema prensil muy arcaico. Parece sorprendida de no poder desprenderse del objeto e inicia una investigaci√≥n activa de la acci√≥n de tomar y soltar que le lleva varias semanas entre el aferrar y el dejar partir el objeto.

Le interesan objetos m√°s peque√Īos, recipientes, cajas, potes de los que saca juguetitos que yo vuelvo a colocar. Los desparrama, los revolea, a veces los observa muy interesada, pero nunca los pone adentro. Es un esquema de acci√≥n compartido conmigo, desde mi funci√≥n auxiliar, yo re√ļno, junto, acumulo, reunifico e incluyo en un recipiente continente, completando¬† y dando sentido a su sacar, separar, dispersar. La complementariedad de a dos permite la continuidad, la repetici√≥n, la reiteraci√≥n en la diferencia posibilitando un reaseguramiento profundo de la permanencia del objeto a√ļn en¬† la desaparici√≥n y en la transformaci√≥n, hasta que su maduraci√≥n, el aprendizaje de la praxia y las posibilidades de soportar la separaci√≥n del otro, tal vez simbolizado en el objeto, le permitan asumir aut√≥nomamente las dos fases del esquema de acci√≥n, como sujeto que se ha apropiado del tomar y el dejar.

A los diez meses  de tratamiento se inicia una nueva etapa.

En una sesi√≥n explora activamente una serie de objetos peque√Īos, destapa cajas, los toma uno a uno. Su prensi√≥n es un poco m√°s ajustada, pero siempre masiva. Pone mucho empe√Īo en su tarea. En un momento, al pasarla de una mano a otra, rompe una de las cucharitas de helado de pl√°stico con las que jugaba. Mira sorprendida el manguito que conservaba apretado en su mano derecha y comienza a mirar a su alrededor donde hab√≠a dispersado varios juguetes entre ellos cucharitas similares, de distintos colores. De pronto descubre la parte que se le hab√≠a ca√≠do. La toma con su mano izquierda y la acerca a la otra como para unir los dos segmentos. Yo estoy realmente conmovida observando por primera vez en Ana una actitud mental asociativa, reconociendo y seleccionando una parte entre muchas otras y juntando las partes de un todo. Un proceso anal√≠tico sint√©tico revelador de un pensamiento operatorio en plena acci√≥n.

En la misma √©poca trepa¬† bloques de 40 cm.. Desliza todo su cuerpo sintiendo bien los apoyos necesarios para no caerse, reajusta cuidadosamente su base de sustentaci√≥n y se impulsa prudentemente con la punta de un pie mientras trepa con la otra pierna flexionada. Se interesa ahora por aros inflables que suspendo a escasa altura cuando veo que comienza a investir el espacio de arriba. Juega con todo su cuerpo intentando colgarse de los aros, enred√°ndose y desenred√°ndose con mucho placer en las sogas, entrando y saliendo de t√ļneles colgantes que se balancean. Las sogas suspendidas del techo le sirven para sostenerse mientras intenta ponerse de pi√© desliz√°ndose contra la pared. Es muy significativa la apoyatura de la espalda, zona corporal particularmente investida y el deslizamiento sobre la pared como lugar de reaseguramiento y apuntalamiento para el crecimiento, juega sosteni√©ndose con la soga a pararse, agacharse. Capta su imagen en el espejo y su mirada es intensa mientras, atentamente, repite ese juego. Poco tiempo despu√©s comienza a desplazarse dando pasitos laterales, deslizando su espalda apoyada en la pared. As√≠ puede recorrer toda la sala. Llega a la escalera de dos hojas, se cuelga de sus escalones, intenta elevar el tronco pero all√≠ tiene poca superficie de apoyo.

Durante semanas ensaya distintas maneras de subir la escalera pero no puede pasar del primer pelda√Īo. La organizaci√≥n de estas coordinaciones es larga y muy dif√≠cil pero est√° empe√Īada en conseguirlo y es notable la iniciativa, la persistencia de su proyecto, la seriedad con que intenta nuevas estrategias y¬† las ensaya una y otra vez.

La prensión y manipulación han mejorado bastante a pesar de la dificultad. Ensarta aros en vástagos muy ajustados, encaja objetos en series uno dentro de otro. Todo su cuerpo se implica en la acción. La expresión es de interés, esfuerzo y concentración

En la √ļltima etapa, Ana¬† ya con 5 a√Īos, se integra a un grupo terap√©utico con otros tres ni√Īos con diferentes patolog√≠as. Durante semanas Ana se refugia en un rinc√≥n sorprendida y atemorizada, los estudia de lejos. Disminuye su actividad, est√° muy pendiente de los desplazamientos de los otros. Reacciona con crispaci√≥n y rechazo si alguno de acerca pero no puede defenderse, ni defender su espacio ni sus pertenencias. S√≥lo un mes despu√©s comienza a oponerse activamente y, recuperando su seguridad, se desplaza por la sala buscando sus objetos pero todav√≠a evita sistem√°ticamente a los otros ni√Īos. Los observa con atenci√≥n y participa de la acci√≥n siguiendo el ritmo, los impulsos, los movimientos de los otros con todo su cuerpo, como el espectador de una cancha de jugadores, con una imitaci√≥n refleja, por imantaci√≥n,¬† pero a bastante distancia.

Tarda casi dos meses en animarse a ir hacia ellos. Sus primeros acercamientos son para recuperar objetos, inclusive arranc√°ndoselos de las manos, mientras los mira amenazadoramente. A partir de estas disputas de lo propio y discriminaci√≥n del otro comienza a integrarse al grupo. Luego puede llegar a compartir una actividad com√ļn,¬† llenar recipientes en conjunto, llenar cuando otro vac√≠a y a la inversa, empujar un carro, transportar bloques, intentar apilarlos.

Su equilibrio y dominio de su cuerpo fue aumentando. A pesar de su trastorno motor producto de su grave da√Īo cerebral, camina ya sola, con dificultades y con su pr√≥tesis pero por su propia iniciativa, inclusive corre y anda en triciclo. La marcha¬† ha cobrado sentido en la construcci√≥n de su subjetividad, como superaci√≥n de la angustia de separaci√≥n y de p√©rdida del otro,¬† ya no aparecen los aferramientos, puede irse y volver.

A los 5 a√Īos y medio est√° atenta y bien conectada con su familia, que ahora la acepta mejor, la comprende y tambi√©n se gratifica descubri√©ndola. Vive y genera conflictos cotidianos habituales en las familias, se le ponen l√≠mites y participa a su nivel. Controla esf√≠nteres regularmente desde hace pocos meses.

Ana ingresa en una institución especializada donde comparte actividades durante el día con buena pertenencia grupal. Su mirada es intensa, directa, vivaz, pícara y provocadora. Se hace comprender rápidamente y respetar en sus deseos.

Conclusiones

La posibilidad de ¬ďdejar ser¬Ē a Ana, de ser recibida y aceptada porque ¬ďes quien es¬Ē y, como dir√≠a¬† Judit Falk, tiene el derecho de serlo,¬† les permite progresivamente a los familiares de Ana descubrirla en sus potencialidades y competencias y no desde lo que no puede ser ni hacer, desde la angustia de la falta, desde la culpa de la falla. Pero sobre todo les permite, de manera heterog√©nea, ir descubri√©ndose en nuevas funciones parentales y en la construcci√≥n de nuevas modalidades de interacci√≥n m√°s placenteras, menos sobreexigentes, m√°s respetuosas rec√≠procamente y sobre todo m√°s gratificantes. El padre organiz√≥ y amuebl√≥ una habitaci√≥n independiente para Ana buscando cada detalle para que pudiera desplazarse y jugar. La madre, pudo identificarse con algunos aspectos positivos de Ana, ¬ďes empe√Īosa como yo¬Ē, dec√≠a, lo cual le permiti√≥ elaborar los sentimientos hostiles y parte de la culpa frente a la imagen descalificadora que Ana le devolv√≠a.

La mirada de Ana se transform√≥ al mismo ritmo de la transformaci√≥n de la mirada sobre ella de cada uno de los miembros de su familia. Fueron construyendo juntos, rec√≠procamente, ¬ďla otra mirada¬Ē.

Realizar el acompa√Īamiento como terapeuta y la orientaci√≥n familiar que permitiera apuntalar la autonom√≠a y la confianza en Ana, hubiera sido imposible para m√≠ si no hubiera contado con los aportes de Bernard Aucouturier, de Emmi¬† Pikler y su equipo y tambi√©n los de autores como D. Winnicott,¬† E.Bick,, D.Anzieu, entre otros, que me ayudaron articular aqu√©llos con la comprensi√≥n psicodin√°mica de la expresividad de su cuerpo, su movimiento, su actitud y su mirada.-

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